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Las Batallas por la Libertad: Las enseñanzas de la migración venezolana

Las primeras décadas del siglo pasado, dicen los libros de Historia, transcurrieron entre la violencia partidista. Sin embargo, la Historia es solo un retrato de la realidad, una especie de anteojera –como la de los caballos– que solo nos permite ver una pantalla. Si alguien habla con los abuelos o incluso los padres, probablemente escucharán decir que su identificación con esos hechos fue casi nula, casi anecdótica. Varios casos hay de arraigo al partido y participación política pero también varios casos –menos retratados por la academia– hay de familias que ni siquiera encontraban identidad en Colombia pues aún conservaban algo de aquellas familias que entraron por el Magdalena a instalarse en lo profundo de este país con toda la intención de no ser vistos, ni molestados por nadie[1] y menos por el Estado.


Muchos colombianos igualmente han escuchado varias veces a sus padres o a sus abuelos sobre lo complicado, lo lleno de incertidumbres que fue llegar a las ciudades con varios hijos a cargo, sin trabajo, a veces sin techo, con violencias intrafamiliares, enfermedades, traumas, quiebras y unas estrictas normas sociales que amarraban a la mujer a su marido y la volvían absolutamente dependiente y a merced del jefe del hogar. Todas estas historias tienen en común el hambre, lo difícil que era acceder a la educación y a la salud que aún no contaba con un sistema que cubriese grandes sectores de la población. Entre sus relatos a veces se despliegan lugares como hospitales de caridad y avenidas principales de la ciudad por donde no era raro ver varios niños atravesar una vaca que sus padres les mandaban a cuidar.


Entonces pasaron décadas y la violencia en el campo, los desplazamientos, los carteles de droga, las bombas de unos, los ataques de otros, los secuestros y otras barbaridades –que ninguna bandera puede sostener– engulleron a millones en las grandes ciudades, generando la necesidad de sistemas educativos, de salud[2], de transporte, un tejido económico. Casi que cada mañana traía su nuevo afán- reto, sin quizás haber logrado resolver el anterior. Pese a ello, los sistemas de salud, educación, vías, transporte, y el tejido económico entre otros, fueron surgiendo. Por supuesto estos surgieron con dificultades, algunas más delicadas y estructurales que otras, pero de su torpe elaboración una gran parte de la población, especialmente la que está en las ciudades, logró ver en las siguientes dos generaciones un avance en su nivel de vida, quizás no tan elevado como se desearía, pero significativo.


Resulta entonces trágico y curioso que los nietos y los bisnietos escuchen y vean casi ocho décadas después las hazañas y las penurias de sus viejos en las caras de otros niños y de otros adultos que como en aquel entonces llegan ahora a las grandes ciudades colombianas, con la variación de que son migrantes sin patria y que los sistemas existen, pero no los pueden cubrir del todo. Al verlos es inevitable preguntarse cuántas generaciones tardará la sociedad venezolana en volver a tener un nivel de vida que por lo menos no le implique estar viviendo cada mes en un lugar distinto.





Los venezolanos huyen hoy en masa de una dictadura capaz de hacer cosas que parecían imposibles hace unas décadas, no por lo maravillosas sino por lo terribles. Hace unas décadas parecía que para lograrlas se tendrían que juntar legiones de idiotas; ni a la persona más corriente ni al empresario petrolero más importante del mundo se le hubiese ocurrido que una potencia petrolera, semi occidental fundadora de la OPEP, y que generaba a esta organización un 12 % de su producto[3], se iba a encontrar en pleno siglo XXI con sus refinerías oxidadas dando apenas un 1%[4] , con su pueblo mendigando en todos los semáforos de Latinoamérica y su Gobierno negociando hasta el alma con las reservas de oro de forma oficial, mientras por debajo de cuerda es el cartel de droga más grande del continente.


Los venezolanos huyen de la miseria, de la inexistencia de instituciones, de la violencia sistemática, torturante y legalizada del régimen que deja más de seis millones de migrantes[5], 500 presos políticos–más de la mitad de ellos sin imputación de cargos– 19.000 asesinatos por parte de la policía en los últimos 5 años, 15.500 manifestantes detenidos y la aparición de numeroso centros de torturas en lo que antes eran sitios de reunión social. [6] Los venezolanos huyen de las cadenas que el socialismo del siglo XXI les puso en su cotidianidad. Poco a poco y con mucho dolor cada uno de ellos, desde el más pobre hasta el burgués mas digno –que nunca le agacho la cabeza a la dictadura– comprende la trampa de la que fueron presas. El Estado controlaba todo en sus vidas, dependían de él, de manera que al caer este en las manos equivocadas descubrieron al todo poderoso Estado sentado en las mesas de sus casas diciéndoles que debían comer, en las tiendas diciéndoles que debían vender o comprar, en la tv anunciando que debían ver, descubrieron a una clase política diciéndoles al oído que debían amar, odiar o valorar. Con más dolor debieron oír que Venezuela era más libre, soberana, independiente y feliz mientras ellos, sus familiares y vecinos, aguantaban hambre. Ya no había ni siquiera el capital de una relación social, la efectividad de un capital educativo y cultural, y se iban viendo presas del desasosiego de no tener un empleo o de tener uno y que el salario sea solo de cuatro dólares. Duro, muy duro, descubrir de esa manera que Estado y sociedad no son lo mismo y que no existe la volonté generale de la que hablaba Rousseau.


La clase política y burócrata venezolana con los monopolios de las armas, la ley y en teoría del dinero, efectivamente es libre y son el máximo poder dentro de esa hacienda que limita con Colombia. Allí su palabra es ley pero su pueblo es más sufrido, dependiente y atrapado que nunca en su Historia.


Oficialmente en Colombia hay aproximadamente dos millones de venezolanos[7]. En realidad la cifra puede estarse doblando y hasta triplicando puesto que son muchos más los que cruzan la trocha, que llegan a pie sin pasar ningún control migratorio. Son miles los niños que están cruzando solos y quienes una vez cruzan la frontera tiene estatus de refugiados, aunque su realidad por las circunstancias sea la de un adulto en un cuerpo pequeño.[8] Hoy muchos de esos venezolanos comprenden o sienten lo importante de tener una nacionalidad, un nombre, y una identidad. Es seguro que muchos de ellos nunca pensaron en eso–son individuos y familias quebradas.


Son constantes los desaires en varios países latinoamericanos que los expulsan[9], que les cierran las puertas, mientras aún suena el eco de aquellas consignas de Chávez hablando de la patria grande latinoamericana. Qué terrible debe ser para un venezolano recordar como en los años del comandante la plata del petróleo se repartió entre varios de esos países para pagar deudas de ellos[10], para pagar campañas, para supuestamente expandir la dignidad bolivariana por toda Suramérica.


Si la situación dramática que atraviesa el pueblo Venezolano fuera a causa de una dictadura de derecha todos nuestros berrinchosos profesores de sociales y humanidades estarían haciendo todo el esfuerzo porque se declarase una emergencia humanitaria, lo harían con menos. Pero, como el pueblo venezolano es víctima de una dictadura de izquierda no habrá alertas y quizás no haya quién en las elites académicas escriba de forma justa en la Historia su desgracia, su trágico viaje en el tiempo. La desgracia de ser casi una ventana al peor pasado de nuestras familias.


Son los venezolanos que huyen del monstruo los que tienen el deber de denunciar sin cansancio a su enemigo, quien los sometió, y luchar allí donde vayan por su libertad, por lo que tenían y perdieron. Si los venezolanos no hablan al nuevo vecino, al nuevo amigo sobre lo ocurrido, sobre su experiencia, posiblemente se encuentre con que su nuevo refugio de mínima libertad será tomado de nuevo por aquellos que desde el poder desean controlar toda relación social y en nombre del “bienestar general” legitimar y fortalecer una estructura que en varios sentidos empobrece a los individuos. Son los venezolanos los llamados a salvarse a sí mismos, y dar la batalla por la dignidad y la libertad, no en la pomposidad de las paginas de la Historia si no en el relato de las calles y la casa.

[1] Enrique Serrano ¿por qué fracasa Colombia? editorial planeta, pág. 174 - 175 [2] http://repository.unaula.edu.co:8080/bitstream/123456789/703/1/unaula_rep_pre_der_2017_recorrido_historico.pdf [3] http://www.debatesiesa.com/en-el-60o-aniversario-de-la-opep-venezuela-tiene-poco-que-celebrar/#:~:text=Venezuela%20era%20el%20primer%20productor,el%201%2C4%20por%20ciento. [4] https://www.estrategiaynegocios.net/lasclavesdeldia/1255343-330/pdvsa-el-pilar-econ%C3%B3mico-de-venezuela-que-se-desplom%C3%B3-en-20-a%C3%B1os [5] https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-57991341#:~:text=Dado%20que%20la%20Oficina%20de,poblaci%C3%B3n%20solamente%20a%20la%20emigraci%C3%B3n. [6] https://www.hrw.org/es/world-report/2021/country-chapters/377387 [7] https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-55989693 [8] https://ligacontraelsilencio.com/2021/08/26/menores-no-acompanados:-las-victimas-invisibles-del-exodo-venezolano/ [9] https://www.infobae.com/america/venezuela/2021/09/26/la-oposicion-venezolana-llamo-a-los-paises-de-america-latina-a-acoger-y-regularizar-a-los-migrantes-tras-las-violentas-protestas-en-chile/ [10] https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1958272


Imagen 1 https://www.dw.com/es/duque-firma-decreto-para-regularizar-a-migrantes-venezolanos/a-56740567

Imagen 2 https://elpais.com/opinion/2021-04-27/america-latina-integracion-o-alineamiento.html


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