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La Izquierda Y Su Fiesta De Locos


Que todo es según el color del cristal con el que se mira, es cierto, y esto no significa que todas las visiones sean válidas o que no existan visiones peligrosas. Es decir, mucho podemos mirar a las bestias con un cristal rosa, y eso no las hace ni más bellas ni menos feroces.


Estos tiempos nuestros cuentan con varias bestias y cuentan con por lo menos dos generaciones que ven el mundo con el cristal color crema mientras las bestias los acechan. Color crema ven al Estado y así objetivamente, según ellos, el Estado es un garante de derechos, el imperio de la razón y la bondad, y que si aquí el Estado se ve como un monstruo no es por su esencia es una excepción a la regla, infortunadamente impuesta por un puñado de seres siniestros que han usado novedosamente el Estado para su beneficio. Entonces llegan los discursos supuestamente liberadores llenos de gárgaras, los ojos rojos, las caras verdes que exigen el fin de la barbarie y el comienzo de una nueva era.


Con un cristal un poco menos color crema el Estado ya no se ve tan moldeable. Ya no parece factible que su forma se deba a quién lo dirige. De repente se descubre en él a unos pocos imponiendo una visión sobre otros. A unos pocos condenando a otros a hacer caso, interviniendo sus vidas, imponiendo reglas, sacándole a unos de un lado para dar unos poquitos a otros por otro lado y así auto legitimarse. A los del cristal rosa la visión les parece insólita, preguntarse ellos por el papel de la sociedad, de la cultura, del individuo, del caos y del azar, les parecen pequeñeces y entonces que curioso es el reflejo de su dulce cristal. Ese reflejo es duro. En su reflejo el mundo es pequeño, tan pequeño que no hay futuro, solo aquí y ahora ¡Vencer o morir camaradas! O mejor, sí hay futuro pero lo que hay ahorita no cabe allá en ese futuro idílico y estático. Entonces hay que destruir todo para que él ahora y sus soñadores quepan en ese futuro. Por supuesto hay que filtrar a los herejes a los hijos del mal, porque la ambición, el egoísmo, la competencia no son parte de la esencia humana. Hay que filtrar. Hay que cancelar. Hay que eliminar. Hay que acusar. Hay que aislar a ese que tiene esas características capaces de destruir ese futuro tan supuestamente domable.


Pero bueno, sigamos analizando el cristal crema, desde ese cristal platónico qué contempla un mundo perfecto, el político es un ser de luz, un artista de la libertad, la justicia y la igualdad. Lo que pasa es que otra vez los monstruos malvados y terribles acechan y se hacen pasar por políticos ¡Pero compañeros y compañeras , camaradas! Si hay políticos buenos, y ellos deberán avanzar hasta llegar al poder y espantar a todos esos que han suplantado a los héroes de la sociedad – por supuesto en este caso lo que piense la sociedad tampoco importa. La sociedad con todo y cultura solo está para abrir la boca y ser alimentada como un ejercito de cerdos que además de todo o son idiotas y necesitan custodia o en el defecto hay que evitarles la fatiga de pensar.


Un cristal un poquito más oscuro pero más realista nos deja ver en los políticos a seres humanos comunes, de carne y hueso. Perecederos no solo porque eventualmente sus órganos fallarán y no pondrán mantener lo que han impulsado, sino también porqué su talante es cambiante y acomodadizo. Un cristal un poquito más oscuro nos deja ver como si para llegar o permanecer en el poder deben negociar con el más rico del paseo. Lo hacen, así de cara a la multitud le desprecien; con el cristal un poquito más oscuro el discurso es lo de menos, los hechos son todo ¿Cómo vive? ¿Sabe lo que es un día sin trabajo para una persona cabeza de familia? ¿Sabe lo que es hacer una fila por comida? Pero volviendo al cristal crema, en este punto nos da de nuevo un reflejo un poco desconcertante, partiendo supuestamente de la bondad este reflejo pide radicalismo. No concertar. No negociar. No ceder. No intentar comprender al “enemigo”. Ese cristal crema parece solo poder existir si rompe los demás cristales y para desgracia nuestra llamar a eso política.


Los que observan con cristal color crema piensan que el Estado tiene una especie de teta materna de dónde sale sin ningún esfuerzo todo lo necesario para vivir. La riqueza ya está dada y por el simple hecho de haber nacido cada persona tiene derecho a una porción de ella. En este cristal los derechos inherentes al ser humano por su naturaleza son iguales que aquellos que requieren de la sociedad, su esfuerzo, su trabajo y consensos para ser conquistados. Desde esta perspectiva resulta casi un insulto insinuar que la innovación o la masificación de servicios y bienes surgen, no solo de la canalización de los deseos egoístas de diferenciación, sino también de los deseos de competencia y superación propios del ser humano. Resulta un insulto decir que para que un sistema de salud o educación funcione se requiere no solo dinero-producción, sino además concertaciones, estrategias, cooperación y un entramado complejo de numerosas relaciones sociales, que además son sensibles de todo tipo de azares.


La gente de los cristales color crema me recuerda a la fiesta de los locos, una fiesta de la edad media donde una parte de la iglesia, lo sacerdotes, la sociedad muy fiel, muy pura se hacían los locos para hacer mucho de lo que la religión les tenia prohibido ¡Pero vamos que solo es de broma, es que estamos de fiesta, fiesta de locos! Decían, pero por mas que su cristal en esos días les dejará ver todo color rosa la realidad es que no eran tan puros, ni tan castos como su duro discurso lo decía. Y peor aún, la realidad era más potente que todo su imperio moral y reducción del mundo que le imponían a otros.

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