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El Futuro De Las Relaciones Mundiales: Usando A La Tecnología Para Entender Un Globalismo Libre

Actualizado: sep 28

El globalismo ha tomado fuerza en los discursos políticos actuales, pero es más visto como una idea negativa y conspirativa, que como el futuro del orden mundial. El problema principal de esta visión es que no se ven los cambios que las relaciones entre individuos, empresas, y gobiernos están teniendo gracias a las tecnologías. Aspectos que impiden un futuro donde todos estemos regidos y controlados por un súper gobierno, como lo pintan en muchas novelas de distopía.


La tecnología ha permitido al hombre moderno intercambiar ideas y avanzar de manera individual, pero cooperativamente, gracias a la disminución del costo transaccional. Este costo está definido como todos los gastos tangibles e intangibles necesarios para confiar en el otro; algo indispensable en cualquier tipo de intercambio.


Mientras menor sea el costo transaccional entre individuos o entidades, mayor es la posibilidad de incrementar los intercambios, y con ellos, la innovación y el progreso. Un ejemplo en donde un costo transaccional impide el progreso es en una empresa, cuando el costo burocrático supera el costo del producto que se comercia. Este es el punto que marca el declive empresarial, un problema que se da en empresas grandes donde para mantener el estatus, las jerarquías, y las funciones de acuerdo a los principios de la empresa, toca mantener un órgano burocrático muy grande y todo-poderoso. El mismo problema que se ve en los gobiernos actuales.


Disminuir este costo transaccional solo es posible disminuyendo el tamaño de las organizaciones, dando más libertad y peso a los individuos, algo que solo se logra a partir de los avances tecnológicos.


Gracias al Brexit, el Reino Unido pudo liberarse del peso burocrático y de la ineficiencia y alto costo transaccional de la Unión Europea, y pudo volverse un Estado mucho más independiente y libre para elegir qué relaciones quería tener con los demás países del mundo. Relaciones para las cuales antes no tenía autonomía para establecer ya que estaba supeditado a las relaciones impuestas por la Unión Europea. Aunque claro esta, que todas estas tendrán inicialmente un costo transaccional mayor a las ya establecidas, a la larga disminuirán su costo y permitirán una mayor libertad. Otorgando una elección mucho más selectiva y voluntaria por ambas partes para el beneficio propio, no por políticas o intereses de grupos mucho más grandes y abstractos que ellos mismos.


La tecnología es lo que ha permitido el avance del hombre. Fundamentalmente, permite al ser humano enfocarse, ya no en tareas tan mecánicas y repetitivas, sino más en tareas racionales y pensantes, fomentando el uso de su creatividad e inteligencia.


Ahora bien, es claro que mientras más avances tecnológicos, más libertad, y mientras más libertad, más relaciones entre individuos o entidades pequeñas a nivel global de manera voluntaria. Pero, también cabe mencionar que la tecnología no solo libera el tiempo del hombre, sino que también tiene un poder geopolítico trascendental, cambiando las dependencias de los países entre si, militarmente, energéticamente e industrialmente hablando, permitiendo que las relaciones sean realmente libres.


Empezando por los cambios al mercado energético vemos como la tecnología, por medio del desarrollo de energías renovables, y el diseño de maquinas y artefactos más eficientes, ha permitido la independencia energética de naciones sin importar su tamaño, ni sus recursos disponibles. Esto ha llevado a una descentralización de las fuentes de energía, y una menor dependencia en organizaciones como por ejemplo la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo). Tal es el caso de las relaciones entre Israel y Japón, que se han visto fortalecidas en los últimos años gracias en gran parte a su independencia energética de la OPEP.


Durante muchos años Japón e Israel mantuvieron relaciones conflictivas debido a la crisis petrolera de los años 73-74, cuando las naciones árabes pertenecientes a la OPEP declararon un embargo petrolero en contra de Estados Unidos, y a varios de sus aliados, como Japón, por su apoyo a Israel durante la guerra de Yom Kippur. Como Japón era dependiente energéticamente de los países de la OPEP, tuvo que cambiar su discurso político e ir en contra de Israel, aún cuando iba en contra de sus principios. Esto ocasionó un efecto cascada donde empresas japonesas dejaron de relacionarse con Israel por los años siguientes.


Es solo en el momento en que el mercado energético cambia gracias a la tecnología, y gracias a la diversificación de fuentes energéticas en Japón y el mundo, que este país asiático puede nuevamente entablar relaciones con Israel. Un intercambio que sólo acarrea cambios positivos para el país nipones ya que le permite acercarse a uno de los países que más esta a la vanguardia en temas de seguridad y tecnología, Israel.


Además de cambiar las relaciones entre países la tecnología promueve cambios al interior del país, como la blockchain, que descentralizan los procesos electorales permitiendo así una rapidez y transparencia inalcanzables en manos del hombre, o la Inteligencia Artificial, que permite llegar a una democracia directa con el estudio de los comportamientos individuales, ayudando a lograr una gobernabilidad mucho más directa de los ciudadanos. Esto cataliza la destrucción creativa de las entidades gubernamentales y burocráticas, que como ya mencionamos anteriormente, no hacen más que ralentizar los procesos e impedir el uso eficiente del tiempo y potencial humano.


Es la tecnología la que alejara a la sociedad de un globalismo todo-poderoso y controlador, para llegar a una cooperación global donde los países serán cada vez más pequeños e independientes, con un nivel de tecnificación y democracia directa mucho más desarrollados. Transformando a los individuos y a las entidades pequeñas en clústeres de conocimiento, capaces de intercambiar ideas en cualquier parte del mundo para progresar de manera conjunta siempre pensando en el beneficio individual.


Esta tendencia que se ve a nivel mundial, es hacia una expresión mínima de todo tipo de entidades, corporaciones, naciones, empresas y demás, que se verán fortalecidas por medio de la cooperación entre cada una de las partes de manera globalizada. Algo que se da no solo por cambios sociales, sino en gran parte por las nuevas tecnologías.


A diferencia de lo que muchos creen el futuro del mundo entero va encaminado hacia un globalismo de la mano de la tecnología, lejos de un mundo distópico conspiracionista manejado por Soros o algún otro individuo o organización todo-poderosa.

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