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Colombia: Un Mejor País


La pobreza es una condición bajo la cual nacen la gran mayoría de seres humanos, y es una condición que para ser superada requiere más que de buenas intenciones o discursos. Requiere de un marco legal y una infraestructura que permita la generación de riqueza, la movilidad social y la adquisición de diversos capitales como el social, el cultural, el económico, si lo queremos plantear desde una óptica bourdieuista. Estos capitales permiten que si no hay empleo por lo menos haya una red de apoyo mientras se encuentra trabajo. Un bagaje de conocimientos que le permiten a la persona diversificar su oferta de servicios y acceder a otros en situaciones diversas, como por ejemplo, de migración forzada, calamidades o como ocurrió recientemente en el marco de una pandemia.


Es evidente que en Colombia aún persiste una cifra de pobreza demasiado alta, cercana al 40%, y más aún después de la pandemia. También es evidente que permanece como un país de ingreso medio y que perfectamente una parte de su elite podría ser considerada en un país del primer mundo como realmente una clase media. Adicionalmente, Colombia tiene serios atrasos en diferentes regiones del país que parecen desconectadas, principalmente por la dependencia que hay frente al gobierno central y los manejos que hacen las respectivas elites políticas regionales y de allí se desprenden temas como la corrupción, la mala administración de recursos y ejecución inexistente o inapropiada de los mismos. Sin embargo, en medio de todo esto y a pesar de esto Colombia - un país muy joven- ha ido superando diferentes retos en materia de pobreza a lo largo de su atropellado crecimiento. Esto se evidencia en la longevidad de sus habitantes que llegan casi hasta los 80 años, sus niveles educativos, el acceso a un sistema de salud –que en rangos internacionales arroja muy bueno resultados–, el acceso general a internet y equipos telefónicos que en un principio parecían exclusivamente posibles para los más ricos y que gracias a la competencia se vuelven masivos. Los avances de Colombia se evidencian incluso en la estatura de sus habitantes, que según datos del banco de la república han ido aumentando centímetros generación tras generación. Seguimos hablando de un país desigual, pero con una pobreza cada vez menos precaria respecto de otros momentos y lugares en la historia, puesto que no es lo mismo vivir con un ingreso bajo o no frecuente sin servicios básicos como agua, luz, gas, a tenerlos. No era lo mismo ganar el mínimo hace unas décadas y tener que asumir un pago de matrícula a principio del año escolar. Todos estos cambios se han dado en el marco de estudios, de esfuerzos personales e institucionales, por brindar más y mejores herramientas en la ejecución de presupuestos; por ejemplo, se espera que pronto se dejen de focalizar recursos en la población basándose en los estratos y se empiece a mirar más lo que arrojan los rangos del Sisbén que son mucho más precisos.


Ahora, miremos algunos de los datos más asombros de Colombia en su camino al desarrollo en los últimos 30 años:


El primer acueducto que tuvo la capital colombiana fue alrededor del año 1897 y tan solo cubría un 20% de la población de aquel entonces, solo 15 años después ciudades como Medellín o Barranquilla tendrían un sistema similar. El servicio no presentó gran variación en su evolución hasta el año 1910 cuando el Estado destina 1% de los recurso fiscales del sector a su funcionamiento y su administración se daba desde lo municipal. Es solo hasta 1950, cuando el tema se ve como un asunto relacionado con la salud y a la par de países desarrollados, que Colombia dispone una serie de planes para alcanzar el mayor cubrimiento posible. Dado que los resultados no eran aún los deseados, Colombia crea empresas o asociaciones publicas encargadas exclusivamente de este sector. Para 1971 el país destina casi un 16% de la inversión publica total, o sea un 0.5% del pib, para lograr la cobertura y es así como en la década de los 70 se logra una cobertura de acueducto del 57% y alcantarillado del 42%. Solo el enfoque empresarial distanciado de intereses políticos, el apoyo de agencias multilaterales de crédito, el enfoque urbanísticos y de salud permitió que Colombia llegará para finales de los 80 a una cobertura del 89 % y 80 %[1] en acueducto y alcantarillado respectivamente y que esta cifra este a muy poco de acercarse en esta década al total de la población. Las cifras están muy por encima de las que registran países del caribe, y vecinos como Venezuela o Perú.[2]



Fuente: Tomado de Ministerio de Desarrollo Económico. Dirección general de agua potable y saneamiento básico. Balance sectorial de acueducto. Bogotá, 2002



Esta tendencia ha lograr objetivos vitales para la calidad de vida también se vio en el servicio de energía donde a la fecha el 97 % de los colombianos tienen acceso al servicio por encima del promedio mundial del 83 %[3], sin decir que países llanos como argentinas distantes de la montañosa Colombia o Brasil ya han alcanzado cifras del total. Cómo fuese región a región, y desde la planeación nacional, se han juntado esfuerzos que van más allá del interés político por lograr una cobertura integral.


Cada que el capitalismo ha tocado a las puertas de las casas de los colombianos ha sido para mejorar sus vidas. Así lo vemos, por ejemplo, en el servicio de telecomunicaciones donde durante décadas se pretendió que una sola empresa del Estado prestara el servicio y se viera limitada por mezquinades propias de los sindicatos y la falta de competencia[4]. El fin de telecom es lo mejor que le pudo pasar al colombiano de a pie que vio entrar a competir a más de 4 empresas que empezaron a importar a muy buenos precios equipos de telefonía de media y alta gama, así como tarifas racionales por la prestación del servicio. Este ejemplo también es valido para el acceso a productos de aseo, tecnologías del hogar, motos e incluso bicicletas de alta gama[5].


La competencia también ha funcionado en el sistema de salud colombiano, donde no es raro escuchar a personas de Europa o USA tomándolo como ejemplo de cobertura y calidad en secciones determinantes en atención de millones de partos, cirugías, terapias, tratamientos, consultas que en muchos casos terminan a veces en cero costos para los beneficiarios.[6]


Ciudades, como Medellín o Bogotá, han visto surgir en medio del barro sistemas de transporte que están treinta años[7] delante de los que poseen los países vecinos como ecuador o Perú. Han visto el surgimiento temprano de un sistema de ciclovías que nos volvió pioneros a nivel mundial y que aporta de forma notable a la calidad de vida de cientos de personas que las usan.


Una ciudad como Bogotá cuenta con el sistema de mega colegios y la red de bibliotecas más grandes del continente con acceso absolutamente gratuito. De igual manera el bogotano tiene acceso gratuito a espacios de recreación y deporte que son la envidia de cualquier chileno, un país con el más alto índice de desarrollo en Latinoamérica.


Colombia no es un paraíso. Todos sabemos los escándalos de corrupción por lo que el país a traviesa constantemente, las limitaciones que existen al capital y la libre competencia, las torpes normas y procedimientos con las que millones de colombianos se estrellan al querer hacer cualquier tipo de acción especialmente de corte económico o urbanístico. Todos sabemos cómo a veces resulta premiada la ineptitud, las cifras de desempleo ligadas al sometimiento de la empresa por parte del Estado. Y aún así, todos estos entuertos no han impedido que Colombia avance y se proyecte como un mejor país cada día para sus habitantes. Construir lo que hasta el momento se ha construido no ha sido fácil; ha requerido el sacrificio de millones de personas que llevan años levantándose muy temprano a trabajar, a estudiar y aprender, como lo han hecho en el primer mundo, para lograr ser mejor cada día.


Cuando se ven los esfuerzos de todos por lograr todo lo expuesto hasta el momento, la lucha de clases que algunos políticos quieren imponer como relato nacional, resulta no solo injusta si no vaticinio de su perversidad en la ejecución; nada más peligroso que el que todo lo ve fácil. Arriba y abajo hay millones de personas trabajando para que todos vivamos mejor, pero la lucha no es con la lengua, si no con el sacrificio que supone saber como hacer las cosas en medio de las dificultades propias de la vida y de un país adolescente como Colombia.




[1] https://core.ac.uk/download/pdf/6395231.pdf [2] https://web.archive.org/web/20080227154341/http:/www.wssinfo.org/pdf/JMP_06.pdf [3] https://misionpyme.com/emprendimiento/6166-en-2019-el-98-de-los-hogares-colombianos-tenian-acceso-a-energia-electrica-y-el-87-0-a-acueducto#:~:text=En%202019%2C%20el%2098%2C1,5%20%25%2C%20a%20gas%20natural. [4] https://www.repository.fedesarrollo.org.co/bitstream/handle/11445/2459/Repor_Noviembre_2015_Castro_Benavides.pdf?sequence=3&isAllowed=y [5] https://www.portafolio.co/economia/mas-del-26-de-la-poblacion-en-colombia-usa-motocicleta-531075 [6] https://achc.org.co/ranking-de-desempeno-de-los-sistemas-de-salud-colombia-ocupa-el-puesto-48-entre-99paises/#:~:text=26%20Dic%20Ranking%20de%20desempe%C3%B1o,puesto%2048%20entre%2099%20pa%C3%ADses&text=Colombia%20ocupa%20el%20puesto%2048%20del%20ranking%2C%20con%20un%20%C3%ADndice,general%20que%20fue%20de%2074.4. [7] https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-38927134

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