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Afganistán y las Montañas Mágicas

La montaña algunas veces es un buen observatorio del cielo y del terreno que hay abajo, para las sociedades algunas veces es como una especie de isla en medio del suelo que ayuda a preservar formas sociales y costumbres, allí sus habitantes comparten el reto de domar y reconocer el territorio físico, pero también el de formar la comunidad, asociarse y aceptarse mínimamente. De la montaña nadie entra y nadie sale sin ser visto, si alguien debe huir, solo puede bajar, si alguien debe ser acorralado solo hay que bordear la montaña.



[1]Afganistán es un país de montañas, de tribus, de etnias, de múltiples identidades a través de su Historia. Una Historia larga y rica pero también llena de sangre donde el poder ha cambiado su rostro una y otra vez y donde se ha roto el tejido social, dejando a los hombres sin infancia y criados para la guerra por otros hombres de la guerra, mientras las mujeres fueron aisladas y desnaturalizadas de la vida masculina. Todo esto encubierto con un discurso religioso que basa su accionar en múltiples interpretaciones – algunas más sesgadas que otras – del Corán.


Mas allá de que allí hayan caído “derrotados” unos y otros imperios en siglos y siglos; quienes han sufrido el poder – especialmente por parte del Estado totalitario y ateo de la URSS el siglo pasado y del islamismos estatista – han sido los pobladores de lo que hoy es Afganistán. En su “tejido” étnico encontramos los pastunes (40%), los uzbekos (12%), los tayikos (25%), los hazaras (15%), los nuristaníes, los baluchíes distribuidos en cientos de tribus (7%), obligadas por lo azares de la geopolítica y el poder a compartir un Estado y una religión con diferentes corrientes. Tal cual como ocurre con las etnias que habitan en países como Libia o las que habitan entre varios Estados hechos a regla por los imperios europeos en la gigante África.



Gran parte de lo que ocurre hoy en esta parte del mundo es consecuencia de la invasión soviética en 1978 a Afganistán[2], que identifico tanto a guerrilleros – apoyados por Estados Unidos y otros países – como a campesinos y pobladores del territorio como un mismo objetivo militar, lo que trajo que aldeas de diferentes tribus y etnias fueran bombardeadas, sus campos quemados y sembrados de minas, con el objetivo de que la población se trasladara a las ciudades donde podía ser más fácilmente controlada.


La consecuencia más compleja de lo anterior fue que la población no se desplazó solo dentro del territorio afgano sino también hacia los países vecinos[3] donde compartían tribus, etnias, y lenguas. Caso este de los pastunes en Pakistán, los pueblos tayikos en Tayikistán o incluso china, la etnia hazara en Irán y Pakistán. La etnia uzbeca que se encuentra principalmente es Uzbekistán, las tribus de los Nuristanies mucho más cercanos a lo hindú que a su relativamente reciente conversión al islam, y los Baluchies un conjunto amplio de tribus que comparten el idioma Baluchie ubicados entre Afganistán, Irán y Pakistán principalmente.[4]


Ese desplazamiento no implicó tanto o solo el desarraigo de etnias y pueblos de sus territorios, sino una especie de elasticidad de las mismas sobre otros varios territorios no siempre correspondientes a un mismo Estado. Tal como ocurrió con los pastunes en el norte de Pakistán donde terminaron siendo también un riesgo para la integralidad del estado pakistaní y de donde muchos años después saldrían los hombres combatientes más fundamentalistas y feroces de la larga guerra civil en Afganistán.


Como bien los señala el exlíder soviético, Mijaíl Gorbachov[5], ningún Estado occidental esta preparado para dominar ese berenjenal tribal, étnico y religioso que es Afganistán. Como decía al principio, la montaña no es solo una cuestión territorial o física, es donde han estado comunidades por cientos de años, y han ido formando una identidad que reconoce a otras identidades solo en la medida que sean de otra montaña, de otro territorio, y permanezcan allí lejos.


Explicado lo anterior, otra cosa es la conversión de varios de estas tribus de forma relativamente reciente al islam y las variadas lecturas que hay del Corán, donde los Talibán – aquellos niños pastunes desplazados durante la invasión soviética – criados en las madrazas (escuelas religiosas) de Pakistán tienen la lectura mas fundamentalista, y quienes comprenden a la perfección que tomar el Estado e imponer desde allí un monopolio de la interpretación del Corán es el mayor éxito que pueden tener en estos momentos para su proyecto totalitario a nivel mundial. Como lo dije en el articulo pasado, la partida de Estados Unidos de este territorio es un error, porque es darle la espalda a etnias y tribus con las que quizás si se podría construir algún tipo de institucionalidad y dejarlas a merced de una lectura totalitaria y bárbara de la existencia – tarde que temprano volverán a confrontar al libertino y pecador occidente[6].


A estas etnias – la alianza del norte – sobre todo de lengua persa las veremos en los próximos meses intentar resistir esa lectura sesgada y fundamentalista de los islamistas, aunque posiblemente sin éxito porque los proyectos energéticos[7] y regionales parecen – engañosamente – hoy más factibles con los talibán en el poder que con la difícil construcción de una democracia en ese mosaico de identidades.


[1] http://www.bbc.co.uk/spanish/especiales/mapa_etnico/default.stm [2] https://es.rbth.com/historia/85532-guerra-sovietica-afganistan-fotos [3] https://eacnur.org/es/actualidad/noticias/emergencias/afganistan-40-anos-de-conflictos-y-desplazamientos-forzados [4] “Las identidades múltiples en Oriente Medio”, Siglo XXI de España Editores, Madrid 2000. [5] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-58236767 [6] https://www.letraslibres.com/mexico/las-raices-la-ira-musulmana [7] https://elpais.com/internacional/2019/10/10/actualidad/1570701390_151803.html

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